martes, 2 de septiembre de 2008

Andrés Calamaro




Al señor Calamaro lo conocí en profundidad cuando sacó Honestidad Brutal. Aquel verano yo trabajé por las mañanas repartiendo publicidad para una conocida cadena de clínicas dentales. Vitaldent. Ofrecían una consulta gratuíta en la que descubrirían tus gravísimos problemas dentales para luego jugar a echarte sprays con sabor a piña, andarte en tus sanos dientes y de paso sacarte los cuartos. No, no lo sé por experiencia, pero está claro. Eso sí, lo del spray sabor piña sí que lo he probado y está cojonudo.

Estuve allí como un mes trabajando tres horitas al día, y a partir de la segunda semana las cajas con la publicidad promocional se amontonaban en mi habitación y yo me dedicaba a escuchar a Calamaro, aquel disco doble que incluso gustaba a mis amigos más modernillos.

El otro día y un poco de casualidad fui a verle tocar por primera vez. Muy atrás quedaba aquel por lo visto inolvidable concierto con Los Rodriguez en la plaza de toros de Medina del Campo, relatado por una tía mía. Su último trabajo, de cuyo nombre no me acuerdo, no había la verdad calado muy hondo en mi iPod, pero tampoco se me ocurría un plan mejor para ese sábado noche.

Fui contagiándome del fervor popular una vez en el recinto, y, porqué no decirlo, tambien me divirtió mucho saltarme con elegancia una cola que no tenía fin. Parecía que iba a salir qué sé yo, Morrisey, ó Robert Smith, o, por sacar alguna similitud, Bob Dylan. La gente gritaba Andrés, Andrés! y cuando el grupo invitado anunció el último tema la gente se volvió loca.

Las últimas noticias que tenía yo de Andrés eran que se había enamorado, tenía un hijo, estaba gordo y había dejado las drogas. Nada muy alentador para una estrella del rock, pero como una vez me dijo mi padre respecto a la música, las drogas no son necesarias. Y, aunque parezca una perogrullada, tenía más razón que un santo. La música es la droga. Otro tópico más y tambien verdadero.

Y eso lo demostró Andrés, que por no drogarse, ni siquiera se fumó un pito y ni siquiera se bebió una birra en más de dos horas de rock and roll.

Con una actitud intachable a pesar de los huecos en la grada, fue desgranando su trayectoria empezando con El Salmón y acabando, si no recuerdo mal, con Paloma. Entre las más de 30 canciones que cantó hubo tiempo para el tango, la balada made in Calamaro, el pop, el folklore y algún género más pero, a partir de la mitad, fue una impresionante demostración de rock. Justo cuando nos acercamos al escenario, justo cuando mi cámara se quedó sin batería. Sin apenas pausas entre las canciones y alternando el disfraz de Dylan con el de Richards, se lo pasó en grande.

Presentó a Jaime Urrutia, que cantó con él Te Quiero Igual y despues El Calor del Amor en un Bar, canción que Andrés presentó como la mejor canción de rock en castellano jamás escrita. Que no es para tanto pero es muy buena.

Esta vez perdí la voz con Flaca, quizás mi canción favorita de Andrés junto a Los Aviones. Buena señal. Él sí que no perdió la voz, porque canta increíblemente bien. Ese fue otro de los descubrimientos. Me sorprendió gratamente su amplitud de registro y la calidad de su voz. Y, lo mejor del concierto sin duda alguna, lo bien que parecía estar pasándolo.

Qué envidia.

2 comentarios:

Señor Blanco dijo...

se te ha olvidad mencionar que el sonido en el pisuerga es un infierno, pero en lo demás completamente de acuerdo. mi canción favorita también es "los aviones", no escuchaba a calamaro desde honestidad brutal (porque el salmón nunca llegué a escucharlo entero ni lo haré nunca) y disfruté mucho del concierto. Supongo que nada es igual que a finales de los noventa, pero tampoco tiene por qué serlo.

miriam chacon dijo...

Me acabo de acordar de que dijiste que querías ser periodista...Ya podían muchos apjavascript:void(0)
Publicar comentariorender a escribir tan 'amenamente' como tú. Gratamente sorprendida! no dejes de relatar tus cosas