
Hoy he estado viendo a Nacho Vegas en concierto. Me cuesta explicar lo que he visto. Un artista como él me despierta, al menos, todo el respeto del mundo. Nunca me he tomado el tiempo de escuchar sus discos con tranquilidad ("el fantasma de la transición"), nunca he sido muy fan. Pero nunca me ha disgustado su música.
Hoy empezaba su gira. Me entero a la salida del concierto de que se propuso como primer concierto Gijón, su casa. Él dijo que ni en broma, que ya estaba suficientemente nervioso, que Gijón no. Y vale que Asturias sea mucha Asturias, que Gijón sea mucho Gijón para Nacho Vegas, estoy con él (mal como efecto de mala voluntad), aún así hoy en Valladolid, despues de las tres primeras canciones se puso tan nervioso que a mí me despertó pena. Llegó a confesar, (ardió la virgen de las cabezas), que tenía una gran banda pero que él a veces no daba la talla. Muy grave.
Y así fué. Cuando el guaje que ya es paisano acertó con la afinación y se dejó llevar aquello sonó entre Jaume Sisa y Andrés Calamaro, entre Neil Young y Joaquín Sabina. Pero poco duró. Su micro falló y partir de ahí todo fueron despropósitos.
La figura de Nacho se erigió protagonista por cagadas tan graves como la susodicha confesión o el hecho de que tuviese una guitarra que, según él, "se le desafinaba una cuerda". Esta cuerda y su inseguridad hizo que interrumpiese la introducción de cinco o seis canciones, visiblemente nervioso, y terminase por tirar la toalla, en el bis.
Al salir, mucha polémica. Jaleo defendía que el concierto no había estado mal, pero, aparte del legendario concierto de Love en el FIB (al que no fuí), no supo decirme otro concierto más penoso. Y juntos hemos visto tropecientos.
Espero que le vaya mejor en sus próximos conciertos. Aquí terminó despertando zozobra